El edificio de la Estación representa un hito en la memoria de la ciudadanía y dentro de la configuración física de la ciudad. Su construcción se constituye en estabilizadora y concretizadora de la definición del lugar de la Estación. Además, se establece como elemento representativo por su implantación, su naturaleza física y el desarrollo del entorno a partir de su aparición, constituyéndose en ordenador urbano.
La Estación representó, por mucho tiempo, la puerta de acceso a Pirayú, vía tren, transformándose en el elemento de apertura al gran espacio de la ciudad. De ella partía un eje, en dirección oeste, hasta conectarse con esa otra parte de la ciudad que en ese entonces constituía el punto fundacional.
Por el otro lado, tenemos otro tipo de percepción, llegando de la ciudad al edificio, percibiéndolo como punto culminante de la ciudad, como telón de fondo, siendo enfatizado, aún más, por las tiras de galerías que rematan en él.
En este caso también se trata de un elemento de apertura, pero, en primera instancia, a un espacio abierto, correspondiente al área de influencia del edificio contenida por el entorno, espacio característico en las demás estaciones, acentuando el carácter monumental de los edificios, y llevando la vista más allá se visualiza el gran espacio del valle y la cordillera de los Altos.
El aspecto exterior de la edificación denota el paso de los años. Sin embargo, a pesar de eso, y a pesar de la indiferencia, de la soledad, sigue manteniéndose en pie como desafiando al tiempo, siendo utilizada, ya no por la gran multitud acontecida en el lugar en tiempos anteriores, sino por algún transeúnte, simplemente con el propósito de acortar caminos.
Particularidades
Consiste en un volumen horizontal central y dos volúmenes verticales en los extremos de una composición lineal simétrica, dada mediante la disposición equilibrada de partes similares unas respectos de otras, con referencia a un eje ordenador central: el eje de simetría.
En cuanto a su exterioridad, posee una fachada principal caracterizada por la peculiaridad en la composición de elementos con respecto a las demás fachadas, tal vez porque representó la puerta de acceso a la ciudad y fue por mucho tiempo la primera impresión del visitante.
Dicha fachada principal, en su área central, se materializa en un espacio de sombra: una galería definida por 4 columnas y dos columnatas, de base sólida de piedra cuadrangular, de fuste liso y capitel al estilo corintio, la cual permite una continuidad espacial y visual con respecto a la plataforma de llegada y con respecto al espacio abierto que se halla frente al edificio. Espacio de media sombra cuya función se constituía en la protección de las personas contra las inclemencias del tiempo -sol y lluvia-, así como también en hacer las veces de estar de espera del tren -espacio de interacciones sociales.
Todo el exterior de la edificación se encuentra pautado por una distribución equilibrada de aberturas que corresponden a las ventanas y a las puertas.
Los volúmenes verticales constituyen las torres, de similares apariencias entre sí. Las torres tiene su origen en la prehistoria, donde fueron utilizadas en las fortificaciones como elementos de defensa, así como también a modo de hitos para las señalizaciones. El cometido original, el porqué de las torres en la Estación de Pirayú se desconoce, pero lo que se puede precisar es el dominio visual que permiten tener del extenso valle. El acceso a dichas torres se realiza de manera directa desde la galería, por medio de una gran abertura que comunica a un reducido espacio donde se encuentra una escalera de madera. En cuanto a su apariencia exterior, posee lineamientos horizontales en los planos de las torres, que hacen que la percepción de su tamaño cambie y se transforme a una escala más humana.
En el centro de la composición, acentuando aunmás su condición equilibrada y materializando el eje de composición, se halla situada la perforación más importante, constituida por un amplio vano con remate en arco de medio punto, lugar-interfase entre la ciudad y la estación. Se constituyó en un lugar para actividades efímeras como, la compra de boletos y la circulación de personas. Este espacio conecta la explanada de llegada del tren con la población, constituyendo un espacio intermedio para su relación con la ciudad.
En el interior del edificio se conciben espacios que se caracterizan por la frescura del ambiente, dada por la capacidad de aisladores térmicos de los gruesos muros exteriores y por la altura del tejado, así como también se conciben espacios con claridad visual, dada por la distribución rítmica y repetitiva de las aberturas. Estos espacios interiores fueron dándose de acuerdo a las necesidades que requería una estación de tren con el transcurrir del tiempo, como boletería, oficinas, depósitos, sala de comunicaciones, etc., limitándose su creación a la reducción de los espacios interiores por medio de tabiques de mampostería. Espacios siempre relacionados contiguamente unos con otros y en constante relacionamiento físico y visual con el exterior.
Frente a la estación se encontraba un gran galpón, presumiblemente correspondiente a la época de los ingleses, que fuera utilizado como deposito de las mercaderías que transportaba el tren, que posteriormente fue utilizado como un lugar para la realización de actividades por parte de la comunidad. “Nos íbamos a ver cine” es la expresión de un pirayense. Hoy en día ya no existe dicha edificación, pero sí se encuentran en el citado lugar partes de lo que fuera la cimentación.
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