lunes, 10 de agosto de 2009

el hecho arquitectonico

Expresividad y sensaciones
El edificio de la Estación representa un hito en la memoria de la ciudadanía y dentro de la configuración física de la ciudad. Su construcción se constituye en estabilizadora y concretizadora de la definición del lugar de la Estación. Además, se establece como elemento representativo por su implantación, su naturaleza física y el desarrollo del entorno a partir de su aparición, constituyéndose en ordenador urbano.
La Estación representó, por mucho tiempo, la puerta de acceso a Pirayú, vía tren, transformándose en el elemento de apertura al gran espacio de la ciudad. De ella partía un eje, en dirección oeste, hasta conectarse con esa otra parte de la ciudad que en ese entonces constituía el punto fundacional.
Por el otro lado, tenemos otro tipo de percepción, llegando de la ciudad al edificio, percibiéndolo como punto culminante de la ciudad, como telón de fondo, siendo enfatizado, aún más, por las tiras de galerías que rematan en él.
En este caso también se trata de un elemento de apertura, pero, en primera instancia, a un espacio abierto, correspondiente al área de influencia del edificio contenida por el entorno, espacio característico en las demás estaciones, acentuando el carácter monumental de los edificios, y llevando la vista más allá se visualiza el gran espacio del valle y la cordillera de los Altos.
El aspecto exterior de la edificación denota el paso de los años. Sin embargo, a pesar de eso, y a pesar de la indiferencia, de la soledad, sigue manteniéndose en pie como desafiando al tiempo, siendo utilizada, ya no por la gran multitud acontecida en el lugar en tiempos anteriores, sino por algún transeúnte, simplemente con el propósito de acortar caminos.
Particularidades
Consiste en un volumen horizontal central y dos volúmenes verticales en los extremos de una composición lineal simétrica, dada mediante la disposición equilibrada de partes similares unas respectos de otras, con referencia a un eje ordenador central: el eje de simetría.
En cuanto a su exterioridad, posee una fachada principal caracterizada por la peculiaridad en la composición de elementos con respecto a las demás fachadas, tal vez porque representó la puerta de acceso a la ciudad y fue por mucho tiempo la primera impresión del visitante.
Dicha fachada principal, en su área central, se materializa en un espacio de sombra: una galería definida por 4 columnas y dos columnatas, de base sólida de piedra cuadrangular, de fuste liso y capitel al estilo corintio, la cual permite una continuidad espacial y visual con respecto a la plataforma de llegada y con respecto al espacio abierto que se halla frente al edificio. Espacio de media sombra cuya función se constituía en la protección de las personas contra las inclemencias del tiempo -sol y lluvia-, así como también en hacer las veces de estar de espera del tren -espacio de interacciones sociales.
Todo el exterior de la edificación se encuentra pautado por una distribución equilibrada de aberturas que corresponden a las ventanas y a las puertas.
Los volúmenes verticales constituyen las torres, de similares apariencias entre sí. Las torres tiene su origen en la prehistoria, donde fueron utilizadas en las fortificaciones como elementos de defensa, así como también a modo de hitos para las señalizaciones. El cometido original, el porqué de las torres en la Estación de Pirayú se desconoce, pero lo que se puede precisar es el dominio visual que permiten tener del extenso valle. El acceso a dichas torres se realiza de manera directa desde la galería, por medio de una gran abertura que comunica a un reducido espacio donde se encuentra una escalera de madera. En cuanto a su apariencia exterior, posee lineamientos horizontales en los planos de las torres, que hacen que la percepción de su tamaño cambie y se transforme a una escala más humana.
En el centro de la composición, acentuando aunmás su condición equilibrada y materializando el eje de composición, se halla situada la perforación más importante, constituida por un amplio vano con remate en arco de medio punto, lugar-interfase entre la ciudad y la estación. Se constituyó en un lugar para actividades efímeras como, la compra de boletos y la circulación de personas. Este espacio conecta la explanada de llegada del tren con la población, constituyendo un espacio intermedio para su relación con la ciudad.
En el interior del edificio se conciben espacios que se caracterizan por la frescura del ambiente, dada por la capacidad de aisladores térmicos de los gruesos muros exteriores y por la altura del tejado, así como también se conciben espacios con claridad visual, dada por la distribución rítmica y repetitiva de las aberturas. Estos espacios interiores fueron dándose de acuerdo a las necesidades que requería una estación de tren con el transcurrir del tiempo, como boletería, oficinas, depósitos, sala de comunicaciones, etc., limitándose su creación a la reducción de los espacios interiores por medio de tabiques de mampostería. Espacios siempre relacionados contiguamente unos con otros y en constante relacionamiento físico y visual con el exterior.
Frente a la estación se encontraba un gran galpón, presumiblemente correspondiente a la época de los ingleses, que fuera utilizado como deposito de las mercaderías que transportaba el tren, que posteriormente fue utilizado como un lugar para la realización de actividades por parte de la comunidad. “Nos íbamos a ver cine” es la expresión de un pirayense. Hoy en día ya no existe dicha edificación, pero sí se encuentran en el citado lugar partes de lo que fuera la cimentación.

el sitio

El lugar de la Estación de Pirayu
La Estación de Pirayú , así como las demás estaciones -lugares de tránsito-, presumiblemente representó un no lugar en un determinado momento histórico, teniendo en cuenta la definición de no lugar ofrecida por Augé*1, pero no de manera absoluta. Se asume el hecho de que la implantación física de la estación, a pesar de responder a medidas estandarizadas, pautas marcadas por “el sistema ferroviario” -importadas de Europa-, se insertó en una tradición arquitectónica específica paraguaya, constituyéndose en una adaptación al contexto cultural y natural. Desarrolló su propia tecnología, con materiales propios del lugar, incorporando peculiaridades locales, que hacen al paisaje urbano, a la memoria de la cultura y a la identidad tanto de la colectividad como la del individuo.
Pero independientemente de que haya sido o no un no lugar en sus inicios, ha devenido lugar porque se ha cargado de significación, de contenido simbólico, a lo largo de la historia, porque se ha enraizado en la tradición de las generaciones que han estado asociados con el paisaje proporcionado por Estación de Pirayú.
Se adaptó, por lo tanto, al contexto natural y cultural, a lo específicamente propio de un determinado punto en el espacio (Paraguay-Pirayú), en un determinado momento de la historia (fines del siglo XIX).
Como parte integrante del patrimonio histórico, y como generadora de un nuevo núcleo urbano, la Estación representa claramente el “elemento” fundacional en la ciudad, como autora de un nuevo espacio antropológico, como parte sustancial de la identidad de la comunidad local. Considerándola fuera de sus características físicas, viéndola desde el punto de vista de la subjetividad, de lo que fue hace más de cien años y de lo que es ahora, ha cambiado como lugar; como sitio, prácticamente no, ya que mantiene en lo esencial las mismas características físicas fuera del natural desgaste del tiempo. Pero como lugar se transforma, como lugar es acontecimiento.
La estación posee aún algo en común con el no lugar de Augé, considerando su condición de abandono, pero está dotada de capacidades para ser plenamente un lugar, ya que la idea de lugar por “excelencia”, la de un espacio para el cruce de los itinerarios individuales, se encuentra en la mente de las personas que habitan la ciudad, que se sienten identificadas con la estación y la hacen parte de su cultura. Siendo uno de los elementos por los cuales caracterizan a la ciudad de Pirayú.
1.Marc Augé, en su libro Los “no lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad, introduce la noción de no lugar por oposición al concepto de lugar, que toma del antropólogo Marcel Mauss y de toda una tradición etnológica que vincula la idea de lugar con la de una cultura determinada localizada en el tiempo y el espacio, es decir, lo que concibe el lugar como constituido por el punto de intersección de las coordenadas espacio-temporales donde se desarrolla una sociedad particular.El lugar, propiamente dicho, es el etnológico, es decir, el lugar que ocupan los nativos, en el cual ellos nacen, viven, se relacionan, lugar que posee determinados puntos significativos donde se desarrollan costumbres particulares, etc. En fin, todo lo que se relaciona fundamentalmente con su identidad, tanto la identidad colectiva como la individual. Por lo que representa una geografía no puramente física, sino también histórica, social, económica, política, religiosa.
Lugar de acontecimiento
La Estación de Pirayú, en su faceta de espacio antropológico, de lugar, se presenta hoy con un ntenso dinamismo interno, como una realidad que va transformándose permanentemente, y con ella la percepción, la experiencia y la vivencia del espacio arquitectónico por parte de la subjetividad, a lo largo de su existencia.
La obra arquitectónica, cada vez vivida de manera diferente e inédita, se constituye en un elemento que se presenta, contrariamente a su estabilidad aparencial, como una realidad dinámica, como una realidad en constante movimiento, características que nos permiten hablar del lugar como acontecimiento.
Se entiende, por lo tanto, la noción de acontecimiento, en el sentido deleuziano, como aquel devenir incesante e inestable que no se fija en un punto consolidado, como una estructura estática, y está constituido por extensiones de partes que conforman un todo, partes con cualidades que caracterizan vibraciones, intensidades emergentes, capaces de generar significación en la subjetividad del sujeto, quien atrapa y retiene lo que más le atrae.
Por lo tanto, la Estación de Pirayú se constituye en lugar de acontecimientos, porque ha estado deviniendo en la subjetividad de la colectividad y a su vez en la de cada individuo a lo largo de su existencia. En sus inicios fue el escenario de las actividades que generaron un gran cambio en la economía y en la sociedad, un elemento vinculador con el resto de la ciudades, un componente generador de un nuevo núcleo urbano. Hoy se la tiene como un punto motivador de la nostalgia, como parte de la memoria histórica, de los recuerdos y de las vivencias de las anteriores generaciones, de los recuerdos y de las vivencias de la propia infancia, etc., abandonado su uso original y utilizada eventualmente como escenario efímero y casual de juegos y de encuentros.
Pero también se la ve como un elemento con capacidades y potencialidades de generar nuevos acontecimientos, con la capacidad de devenir un espacio con nuevos dinamismos, un lugar que, de alguna manera, reactive socialmente la ciudad, como punto de encuentros, como punto de confluencia de los flujos de energías de la ciudad, como punto para la trascendencia, para el acercamiento, para la permanencia. Lugar para dar lugar a nuevas subjetividades que corresponderán a un nuevo acontecer de la Estación.
Peculiaridades
A pesar de su manifestación actual, como sitio de soledad y silencio, encontramos en ella condiciones de lugar: concreción, carga simbólica, cuestiones fenomenológicas propias, capacidades para las interrelaciones entre las cosas y entre ellas y la sociedad; en suma, un lugar que permanece en la atmósfera y que existe en la mente de las personas, generado a partir de la aprehensión de imágenes y sensaciones, de voluntades, de historia y de las capacidades físicas de lo existente.
Como concreción de sitio, en la interrelación con la ciudad, encontramos dos niveles; a gran escala, en cuanto se lo entienda como implantación dentro de la formalidad de la ciudad, y a una escala más puntual, refiriéndose al sitio en sí, con sus cualidades espaciales, cualidades propias de su definición formal, materialización, texturas, luces, colores, etc.
Dentro del esquema de la ciudad, se constituye en un amplio espacio libre, en un quiebre en la formalidad de la ciudad, pero estando contenida por la misma ciudad, un elemento generador de foco urbano y vinculador entre partes urbanas, un vacío antecesor del gran vacío correspondiente a lo extenso del valle.
El sitio, propiamente dicho, se caracteriza por el predominio de la horizontalidad y la excepcionalidad. Horizontalidad constituida por un amplio espacio verde, cubierto de césped, con algunas verticalidades vegetaciones- que no alteran el mencionado predominio horizontal, conuna topografía que simplemente diferencia el área de vías, por medio de leves desniveles, del resto del espacio libre. La excepcionalidad está representada por el edificio de la Estación, implantada en un área constituida por una tupida vegetación lo cual la hace resaltar más, haciendo contraste con sus características morfológicas, escala, formas, color, etc.
Una vez implantado el sistema ferroviario en la ciudad, se establecieron los primeros asentamientos en torno a la Estación, un entorno caracterizado por la agrupación contigua de viviendas, pertenecientes a los finales del siglo XIX y a los inicios del XX, las cuales acentúan el predominio horizontal del área, materializando los límites del sitio. Posteriormente se fueron dando otros asentamientos; se trata de edificaciones aisladas unas de otras, alternando espacios vacíos -los patios- entre las edificaciones. Por lo tanto, el entorno de la Estación se caracteriza por la variedad acontecida en el tiempo, por un lado el paisaje urbano más homogéneo y repetitivo, correspondiente al sector oeste, y por el otro lado, hacia el este, lo heterogéneo, donde se hallan edificaciones de alta calidad arquitectónica, media y baja, así como también áreas de verde intenso, refiriéndose ya al contacto directo correspondiente al área no urbanizada.

estudio sincronico

La ciudad

Apariencias y manifestaciones



A la pregunta de cómo es la ciudad de Pirayú, la respuesta dice: -“Pirayú es una ciudad tranquila y silenciosa”, lo cual es confirmado al divisar el medio, donde se observa la materialización de una condición ambiental predominante que corresponde a épocas pasadas, lo que, junto con la escasa renovación sucedida a través de los tiempos, ha contribuido al mantenimiento del patrimonio cultural heredado.
Se la puede definir contraponiéndola al concepto de ciudad metropolitana, que implica rapidez, innovación y racionalidad, es decir, definiéndola como una ciudad donde el paso del tiempo ha transcurrido muy lentamente, donde la repetición se constituye en la principal característica morfológica y donde la emotividad se establece por medio de las interrelaciones, tanto de la colectividad como de la individualidad, con su medio ambiente.
Dichas condiciones han llevado a una conformación urbana coherente, donde el hombre se encuentra estrechamente relacionado con su ciudad a través del paisaje natural, los espacios abiertos, las galerías, las calles, los patios, los que han contribuido a caracterizar la imagen y constituyen el sustento propio de la identidad de la ciudad de Pirayú.

Elementos identitarios de la ciudad

La Iglesia





Este elemento representa el punto fundacional de la ciudad. Sede del culto religioso, donde es venerada la Virgen del Rosario, se constituye en el lugar por excelencia, a pesar de haber sufrido algunas modificaciones, pues representa la identidad de la colectividad, por constituirse en el punto de partida del darse histórico de la ciudad, donde aún se mantienen vigentes las interrelaciones sociales, relacionadas con el espíritu comunitario fusionado con el espíritu religioso, iniciadas por los primeros habitantes.

El lugar se encuentra constituido por el edificio de la iglesia, de gran valor arquitectónico, que data del siglo XVIII, insertado dentro de un espacio abierto pero introvertido. Abierto, por tratarse de un amplio espacio libre y de abundante vegetación; e introvertido, porque actualmente se encuentra cerrado a su contexto, mediante un elemento físico, el cual hace de limitador de las visualidades y de las vivencias. Se observa una cierta disipación de cualquier tipo de interrelación de la colectividad en sus cotidianeidades, limitándose las interrelaciones a los días de celebración litúrgica y a los días de festejos patronales. Es preciso tener en cuenta que se trataba de un espacio abierto a su entorno, en constante relación con el mismo, de un escenario para los dinamismos sociales característicos de los espacios comunitarios.


La Estación de Ferrocarril

Como parte integrante del patrimonio histórico, la Estación representa un elemento identitario de la ciudad, por encontrarse fundada en las costumbres de las diferentes generaciones que la aprehendieron como lugar con su carga histórica y simbólica- y que además están asociadas al paisaje montado por la Estación de Pirayú y su entorno.

Dicha Estación actualmente se encuentra en desuso; por lo tanto, ha dejado de ser parte integrante de las vivencias y dinamismos de la población, pasando a ser un elemento más dentro de la configuración urbana, bajo las condicionantes del abandono, llena de silencios y olvidos, consecuencias propias de su estructura ontologica -como diría Walter Benjamin- caracterizada mediante la recepción distraída de la Estación, por la cual se la considera elemento indiferente, representando un hábito más en la ciudad: el de pasar frente al ella casi sin verla, sin establecer en ella una atención concentrada.

Sin embargo, por más que no se den en ella las interrelaciones y vivencias de la colectividad, el valor de dicha Estación se encuentra -muy pasivamente- en la mente de las personas habitantes de la ciudad, porque se sienten identificadas con su estación, porque la hacen parte de su cultura, siendo uno de los principales elementos por los cuales caracterizan a su ciudad.



Espacios abiertos

Las actividades urbanas en el exterior, fuera de los edificios, en los espacios abiertos, son algo muy característico en la ciudad, dado fundamentalmente por la “cultura del afuera” llevada a la práctica.
Entre los espacios abiertos se encuentra uno muy particular. Se trata de la plaza Gral. José E. Díaz, escenario de acontecimientos, donde las interrelaciones sociales se dan mediante los encuentros, los paseos, así como también mediante las ferias y desfiles estudiantiles en los días de recordaciones, como por ejemplo cada 22 de septiembre, cuando se conmemora la batalla de Curupayty y a su héroe, el Gral. Díaz, nacido en Pirayú.
Ubicado estratégicamente, conforma, junto con el espacio de la escuela Gral. Díaz, un amplio espacio libre. Teniendo en cuenta la configuración lineal en los comienzos de la formación de la ciudad, a partir de los dos núcleos urbanos -la iglesia y la estación- cuyo crecimiento se dio tendiendo a una unión. Dicho espacio libre, hoy se constituye en el punto neutral, como mediador entre dos energías del devenir de la ciudad: por un lado, el espíritu religioso, por otro lado, el espíritu del desarrollo económico.
La plaza como espacio público se constituye en el punto convergente de los dinamismos, a pesar de no contar con un diseño y unos equipamientos adecuados que posibiliten una mayor apropiación del lugar.
Otro elemento actual configurador de las actividades urbanas cotidianas son las calles, espacios abiertos por excelencia, definidores de la formalidad de la ciudad, canalizadores de los movimientos y dinamismos.
Las de acceso a la ciudad se constituyen en los principales epicentros del desarrollo de las actividades comerciales, así como también en los principales escenarios en la expansión de la ciudad. Las más características son las calles tierra, arboladas y cubiertas de un manto verde, particularidades que hacen retener la idea de un ambiente rural, espacios abiertos que van adquiriendo diferentes roles, tales como lugar de reunión de los amigos, como espacio provisional para el juego, etc., tratándose de un espacio anexo a la vivienda, es decir, de una especie de extensión de la misma.

Conjuntos urbanos

Como un componente más del patrimonio de la ciudad encontramos el mismo tejido urbano, y, en él, los tipos arquitectónicos, que expresan formas de vida social. Tipos arquitectónicos constituidos por adobe o ladrillos, techos a dos aguas y galerías paralelas con pilares de sección circular. Así como también los de tipología de fachada historicista, significando esto la eliminación del techo a dos aguas, lo que representó simplemente una adición de elementos ornamentales en el exterior, ya que las tradicionales galerías en el interior y los sistemas constructivos se mantuvieron invariables.
Las tiras de viviendas con galerías frontales y posteriores reflejan no solamente el modo de vida de la individualidad, manifestado en la forma de uso de la arquitectura, sino también los modos de vida relacionados con la vida urbana: pues el modo perimetral de ocupación del sitio generador a la vez de “corazones de manzanas”*1-, la relación del edificio con la calle en la secuencia público, semi privado -especializado por la galería-, y privado, la conformación misma del tejido urbano, se constituyen en contenedores y formadores de la vida social*2.
Dichas tipologías son encontradas en las zonas de los primeros asentamientos. Sobresaliendo las que se encuentran en las cercanías de la Estación, donde cada unidad se relaciona con el todo, dando como resultado una unidad morfológica y espacial particulares mantenidas hasta hoy en día, constituyéndose en áreas pintorescas de gran valor de conjunto.


1.Denominación referida al espacio libre resultante de la unión de todos los espacios libres de las viviendas, concentrándose en el centro de la manzana o cuadra.
2.“La galería juega un papel sustancial en la arquitectura de la región dando respuesta a tres ordenes de problemas. Uno de carácter funcional al conformar la sucesión de galería la calle cubierta que protege al peatón de los rigores climáticos del sol y de la lluvia. La segunda de carácter tecnológico que evita que el agua de las lluvias torrenciales desmorone o deteriore los paramentos de adobe o estaqueo. Finalmente la función primordial es la de orden social porque la galería es el lugar de encuentros y reunión de la comunidad. Es la proyección de cada casa, el sitio de la tertulia o inclusive el lugar donde se cuelgan las hamacas para descansar. Más aún, es el espacio privado que se cede al público y en la respetuosa integración de galerías individuales, que prolongan en dimensión y altura la de los vecinos, aparece nítida la noción de la ciudad como estructura unitaria donde cada parte corresponde a un todo” Arq. Ramón Gutiérrez.


La ciudad de Pirayu actual y potencial

La ciudad de Pirayú se encuentra en una situación geográfica privilegiada. No sólo se constituye en un lugar poseedor de un patrimonio cultural y social heredado, cargado de historias y tradiciones específicas de una ciudad en particular, sino que además posee otros elementos y puntos que, siendo parte de su territorio, se constituyen en atractivos de la ciudad.

A nueve kilómetros de la ciudad se encuentra un punto de atractivo turístico con una gran carga histórica representativa a nivel nacional. Se trata del Campamento Cerro León, hoy convertido en Museo de Historia Nacional, ubicado en una compañía de Pirayú. Fue construido por mandato del Mcal. López como lugar para la instrucción de más de 25000 soldados y principal cuartel durante la guerra contra la Triple Alianza.

Otro elemento de interés se refiere al hecho de que Pirayú hace parte del gran número de poblados artesanales del país, riqueza cultural y actividad, por la cual, se sustentan la mayoría de las familias pirayuenses*1. La producción de la artesanía se extiende por todo su territorio, desarrollándose 3 rubros principales: el tejido a mano de hamacas con hilos de algodón, siendo éste la base en la producción artesanal, complementándose con el tejido de ñandutí con hilo rústico y el crochet. El 90% de la mujeres habitantes de la ciudad son artesanas, quienes actualmente conformaron una asociación para la promoción de sus productos mediante exposiciones dentro y fuera de la ciudad, siendo conscientes de que uniendo los espíritus y las fuerzas es posible lograr mejores resultados, siendo la expresión de una de ellas: “Oñondivepa ñamba'apo, porque ivaratove osê la hilo ha rokonsegive la trabajo”*2

También es importante la consideración del sitio de implantación, pues se trata de una ciudad insertada dentro de un extenso valle limitado por cerros, cruzado por arroyos, es decir, en un medio con peculiaridades naturales que representan potencialidades para la ciudad. Actualmente existen puntos de atracción turística que constituyen en actividades relacionadas con el turismo de estancia, turismo de eco aventura y balnearios, actividades explotadas por particulares, pero que hacen parte de los atractivos de Pirayú. Los cuales podrían ser mejor aprovechados conjugándolos y haciéndolos parte de una posible ruta turística desarrollada en la ciudad.

1-La artesanía en Pirayú se viene desarrollando desde hace muchos años atrás. El desarrollo de dicha actividad se vio limitado por la falta de una estructura vial que conectara, sin tropiezos, la ciudad con el resto del país. Lo cual posibilitó la necesidad de contar con intermediarios para la comercialización de los productos. “La producción en su mayor parte es adquirida por comerciantes de Itaguá, que la exhiben en coloridos escaparates sobre la ruta II”. Diario Hoy, Viernes 18 de julio de 1980. Pág. 6. Lo que actualmente se va superando por el nuevo asfaltado con que cuenta el acceso principal a la ciudad, lo que posibilita el mayor ingreso de personas interesadas en la compra de los productos artesanales.

2-”Trabajamos unidas, porque los materiales salen más barato y conseguimos más trabajo”.

estudio diacronico

Orígenes de la ciudad


No existen datos precisos que refieran a los orígenes de formación de la ciudad, pero, según información dada por los ciudadanos, Pirayú nació como un humilde poblado, apoyado probablemente por la conformación geológica y el clima agradable del extenso valle, que fue concentrando en otros tiempos a parcialidades nativas que, por la acción doctrinaria de los frailes franciscanos, fueron conformándose como una población cuya concepción se dió en el marco de la religiosidad *1.


Según lo mencionado, Pirayú -así como tantas otras ciudades del Paraguay- nace junto con la religiosidad paraguaya, donde "...los religiosos buscaban la simbiosis perfecta para que los nativos adoptasen la nueva religión. Religiosidad popular que representó la metamorfosis de las costumbres y elementos naturales, religiosos, sociales del mundo guaraní y el católico”*2, lo cual conllevaría a la aprehensión de un lugar para el desarrollo de la nueva religiosidad, en torno al cual se iría -posteriormente- generando ciudad, ciudad que luego sería poblada en su mayoría por los españoles a finales del siglo XVI, tal vez “por tratarse de una geografía alejada de la frontera bélica”. *3


Se trataba, pues, de una capilla que fue nucleando un vecindario que con el correr del tiempo fue adquiriendo una estructura sólida, verificándose esto mediante una solicitud del año 1769, remitida Por Carlos Morphi, para que aquella conformación en torno a una iglesia pasara a la categoría de parroquia: “por contar ya con una iglesia vice parroquial, y con sus propias operaciones para mantener curas propios”*4, es decir, una comunidad con un sistema económico y social básico que la respaldara*5. Hecho constatado, según lo mencionado por Félix de Azara en la segunda mitad del siglo XVIII, que dice: “...Pirayú era parroquia rodeada por quince o veinte ranchos, con trescientas casas dependientes de su jurisdicción y más de dos mil habitantes”.


La iglesia de Pirayú, donde se venera a la Virgen del Rosario, data del año 1761, según informa una fecha grabada en el travesaño principal que sostiene el coro. Dicha escritura dice: “La Iglesia se concluyó en 1761”, aunque algunos interpretan que el año inscripto corresponde al de “1767”.






1.Según el arq. Ramón Gutiérrez en su libro Evolución urbanística y arquitectónica del Paraguay, Pirayú forma parte del grupo de poblados estructurados a partir de una capilla entre los años 1740-1773. Sin embargo, existen documentos encontrados en el Archivo Nacional de Asunción que datan del año 1704 donde ya se menciona el “valle de Pirayú”. Consultar en el Archivo Nacional de Asunción, sección Histórico 1704-76-5. Expediente sobre la necesidad de abrir un camino real entre Villarrica, Pirayú y esta ciudad.


2. Miró Ibars, Margarita. Descubrir lo intangible, jornada del MERCOSUR sobre patrimonio intangible. “Religiosidad paraguaya”. Pág. 117


3. Quevedo, Roberto; Cuevas, Antonio, “Pirayú y su padrón de 1779-1780”, La Crítica, sección: Historia, No. 20, Pág. 34. “Desde finales del S. XVI, los españoles empezaron a poblar el valle. Fueron dadas las primeras mercedes reales, por los gobernadores Martínez de Irala, Gonzalo de Mendoza(...) Sus principales pobladores fueron: Juan de Ortega, Francisco García de Acuña, y Juan de Roxas de Aranda y descendientes..”


4. Archivo Nacional de Asunción. Nueva encuadernación. Vol. 129, año 1769, f. 82 / 84. Expediente sobre erigirse en calidad de parroquias los vice-curatos de Capiata y Pirayú.


5. Según información del censo realizado en la ciudad de Pirayú 1779-1780, el valle de Pirayú contaba con 391 unidades de familia, compuestas por los padres, hijos y demás miembros, además de criados, esclavos y personas de servicio, variaban entre uno y cuarenta y tres “personas de familia”, las que conformaban 2656 habitantes. La cual constata que la principal actividad para la manutención de las familias fue la actividad agrícola familiar, la chacra.


Configuración de la ciudad.



Según la morfología de la ciudad, se puede constatar que la formación de Pirayú se debió a dos focos de crecimiento, en diferentes momentos históricos.



El primero -a partir de una conciencia religiosa- en torno al espacio consagrado para el culto a la divinidad, actividad realizada dentro de un sentido comunitario derivado de la cultura nativa. Dicho espacio se implanta en la ladera del cerro Ybytypanema, cercano al arroyo Potiy, por lo que la expansión de la ciudad se da mediante la apropiación del espacio circundante al lugar destinado al culto, representando esto los primeros asentamientos humanos y por ende las principales actividades básicas en la constitución de la ciudad, las cuales fueron extendiéndose posteriormente hacia lo abierto del valle, es decir en dirección Este.



El segundo foco de crecimiento se da con la llegada a la ciudad del sistema ferroviario en 1864, que parte del deseo de desarrollo para el país, siendo Pirayú partícipe directo en ese proceso de crecimiento, para lo cual fue necesario generar un espacio dentro de la ciudad, espacio implantado en ese entonces- en las afueras del centro cívico. La nueva actividad fue conformando un nuevo centro, pero con un nuevo carácter distinto al del ya existente, uno netamente comercial. Este nuevo centro fue extendiéndose en forma de cuadrícula regular en dirección Oeste, en torno a un eje, conectándose de esta manera el asentamiento existente y el generado en torno a la estación.



De esta forma, la ciudad de Pirayú está constituida por una morfología lineal rematada en ambos extremos por elementos generadores de ciudad, hacedores de sensaciones, iniciados en momentos históricos diferentes pero que, llegando a una misma temporalidad, se hicieron compatibles para la caracterización del lugar de lugares, lo que hace ser a la ciudad, “la ciudad de Pirayú.



El sistema ferroviario en la ciudad de Pirayu




La estación de Pirayú fue librada al servicio público el 26 de mayo de 1864. Respecto al hecho, el periódico El semanario en su edición No. 527, fechado el 28 del mismo mes y año, bajo el título de “Inauguración”, publica lo siguiente: “Como estaba anunciado, el jueves se inauguró la línea férrea que acaba de construirse desde la estación de Guasú Vira hasta la capilla de Pirayú, distante a 3 leguas de ésta y 14 de la capital. Partieron los primeros trenes hasta aquel punto. Estos pasos prueban bien alto el alto grado de prosperidad a que el gobierno lleva al pueblo paraguayo”*1


La dirección de las obras estuvo a cargo de Alonso Taylor, con la colaboración de Benigno Abesada, cuyas firmas constan en las razones de obras, así como también la de Elizardo Aquino, jefe militar y experto técnico constructor*2, encargado además de los trabajos en la preparación de las vías.


Posteriormente a la habilitación del tramo a Pirayú, seguían los trabajos en la construcción de la estación, según razones de obra que data del 1° de julio de 1864, “...se han trabajado para el alzado de la pieza de la torre ocho pies de alto, trece pulgadas de ancho y veinte y dos varas de largo, conteniendo cuya obra cinco arcos de ventanas(....), también los albañiles se han ocupado en picar quinientos ladrillos para dichos arcos”*3.


El 2 de agosto de 1864, se habilita el trayecto de rieles hasta Cerro León. Paralelamente a este hecho proseguían los trabajos en la estación de Pirayú. Trabajos que consistían en enladrillado de piezas y revocado*4 y trabajos que fueron extendiéndose hasta llegar al año 1865, donde se constatan otras intervenciones en la compostura del tejado, así como también la colocación de todas las hojas de los capiteles de las columnas*5, además del blanqueado de las paredes interiores y exteriores*6.


La guerra estaba en marcha y el ferrocarril cumpliría un papel decisivo dentro del campo de las comunicaciones, siendo este caso el de la estación de Pirayú, por hallarse en una situación estratégica, a poca distancia del Campamento Cerro León.


Recién en 1886 el gobierno compra los terrenos donde se encuentran asentadas las estaciones, siendo una de éstas la de Pirayú. Dicho terreno pertenecía a doña Josefina Concha, con un área de 16,612 metros cuadrados*7, y la suma pagada por el mismo fue de 8800 pesos fuertes*8.



1.Ultima hora Correo Semanal. Sábado 30 de mayo de 1965. Pág. 32-33


2.A.N.A. Volumen 2807, folios; 51 del 25 de diciembre de 1864, 123 y 112 del 11 de diciembre de 1864


3. A.N.A. Volumen 2795, folio 57 del 1 de julio de 1864.


4. A.N.A. Volumen 3078, folio 74, 1 de agosto de 1864.


5. A.N.A. Volumen 3195, s/n de folio del 10 de septiembre de 1865.


6. A.N.A. Volumen 2814, s/n de folio del 14 de octubre de 1865. Volumen 2815, s/n de folio del 26 de octubre de 1865.


8. ESL 385. F 410. Biblioteca Nacional. Libro de Cuentas. F.C.C.A.L.. Año 1886.


9. ESL 385. F 416m. Biblioteca Nacional. Año 1886.







Impacto socio-económico

El nuevo núcleo tuvo su origen respondiendo a una función movida por la implementación de un sistema de comunicación a nivel regional, dado en el Paraguay por el sistema ferroviario. A partir de dicha implementación se generó un nuevo carácter en la ciudad, desarrollándose en torno a la estación de ferrocarril actividades comerciales. Las cuales se definen por la localización inicial de ciertas actividades básicas, como ser pequeños negocios complementarios a la “nueva actividad”, que se fueron extendiendo y diversificándose con el correr del tiempo, actividades que trajeron consigo una población, hecho que aseguró nuevos asentamientos permanentes de habitantes cercanos a la estación, delimitando calles, delimitando veredas, es decir, definiendo espacios públicos y privados, lo que dio como resultado una relación morfológica armónica en el contexto.

Dichas actividades básicas fueron en aumento, representando un cambio de escala en la producción, estableciéndose en los alrededores de la estación de ferrocarril, centro de acopio de los productos provenientes de diferentes compañías de la ciudad de Pirayú y alrededores, significando para la ciudad un verdadero cambio económico y social y constituyendo, así mismo, un ritmo de vida más acelerado.

De tal modo que la llegada del tren representaba todo un acontecimiento, que generaba en la zona una gran vibración. Las campanadas en la estación, junto con el característico pitido del tren que anunciaba su llegada, hacía despertar varios tipos de emociones. Como, por ejemplo, la curiosidad, en quienes se acercaban al lugar a observar la llegada del tren como el gran pasatiempo, o la ansiedad de aquellas personas esperando la llegada o partida de algún familiar, además de la responsabilidad de aquellas personas trabajadoras, como, por ejemplo, las mujeres con el tradicional chipá Pirayú, rodeando alguna ventanilla, promocionando sus productos, es decir, un sin fin de personas se veían movilizadas en los diferentes roles que complementaban aquella nueva “actividad”. Se trataba, pues, de un nuevo lugar dentro de la ciudad, generador de nuevas energías, nuevas vivencias, lugar de encuentros, lugar de cruce de las energías concebidas.

Posteriormente a la desaparición de aquella función, generadora de un nuevo núcleo urbano, se produce una especie de estancamiento en el crecimiento de la ciudad. Tal vez esto se dio mucho antes de la desaparición del sistema ferroviario, por la competencia de otro medio de comunicación mucho más eficaz que el ferroviario -el transporte vía terrestre-, teniendo en cuenta que el ferrocarril no tuvo una renovación en cuanto a sistema tecnológico se refiere. Dicho estancamientoprodujo un marginamiento de los sistemas productivos del lugar*1. Consecuencias de esto fue la emigración de pobladores en busca de otros empleos y el despoblamiento de dicho centro, induciendo a su vaciamiento y deterioro posteriores. Se trató, pues, de la aparición de un nuevo centro, no sólo en el sentido morfológico de la ciudad sino también en el sentido de la congregación de los dinamismos y las energías de la comunidad. Dinamismos y energías que hasta hoy tienen vida, tal vez ya no vivida físicamente, pero que son elementos por los cuales el ciudadano pirayuense se siente identificado, elementos que se constituyen en punto de partida para una actual renovación del lugar.

1.Dicho marginamiento se sostuvo por mucho tiempo, aun con la presencia de otras vías de comunicación alternativas a la ferroviaria, refiriéndose al transporte por carretera, las cuales se encontraban en pésimas condiciones, hecho que dejaba a Pirayú, con relación a otras ciudades, en desventaja para la comercialización de sus productos.

teorias

La fenomenología hermenéutica como método de investigación
La fenomenología interpretativa o hermenéutica fue propuesta por Martín Heidegger en 1927 como una metodología filosófica para descubrir el significado del ser o existencia de los seres humanos, es decir, lo que significa ser una persona y cómo el mundo es inteligible para los seres humanos.
El aporte de la perspectiva hermenéutica en la práctica fenomenológica implica un cambio, desde las primitivas pretensiones fenomenológicas originales*1 de una verdad a-histórica, a un conocimiento que supone una pre-comprensión.
La hermenéutica contempla el hecho de que la comprensión la realiza un sujeto histórico que parte de unas determinadas condiciones espacio-temporales, que posee determinada cultura y cuya subjetividad está cultural e históricamente configurada, que posee una memoria cultural constituida por valores, teorías, mitos, tradiciones, etc. y por ende, que ninguna comprensión se da en “estado puro”, más allá de una previa pre-comprensión. Así pues, la fenomenología hermenéutica supera la pretensión husserliana de un saber enteramente sin supuestos y asume la temporalidad de ambos polos del proceso de comprensión: el hecho a interpretar y el intérprete. Es preciso, así, librarse de los falsos prejuicios para destacar aquellos otros prejuicios que ofrecen el camino de la comprensión verdadera, y para que ello se dé óptimamente, es ideal la presencia de una instancia histórica. Esta visión permite fundamentar las diversas formas de la experiencia humana, entre las cuales tiene particular importancia, en este caso, su aplicación a la experiencia arquitectónica.
1.Pretensión originaria dada por Husserl, que estuvo muy influido por Descartes, quien aspiraba a librarse de todo prejuicio y arribar a la certidumbre, absoluta y universal por a-histórica, de la verdad matemática, verdad que no es relativa a un sujeto histórico, ni a ningún momento histórico dado. Célebre ejemplo de la aspiración cartesiana de desarraigarse de las circunstancias contingentes de la experiencia personal (de su Alltaglichkeit, como dirá Heidegger, es decir, de su cotidianidad) es la auto certeza del sujeto pensante, pura res cogitans, expresada en el “Cogito ergo sum”.Http://rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/03/frames48.htm
Fundamentos*1
1-Los seres humanos tienen un mundo que es diferente al ambiente, la naturaleza o el universo donde viven. Este mundo esta compuesto por un conjunto de relaciones, prácticas y compromisos adquiridos en una cultura, un mundo dado por nuestra cultura y lenguaje que hace posible el entendimiento de nosotros mismos y de los demás. Habilidades, significados y prácticas tienen sentido gracias al mundo compartido dado por la cultura y articulado por el lenguaje.
2-La persona como un ser para quien las cosas tienen significados. El significado de las cosas se basa en las distinciones cualitativas reconocidas por la persona en su vida diaria, las cuales son moldeadas por la cultura y el lenguaje. La manera fundamental de vivir las personas en el mundo es a través de la actividad práctica. Heidegger describe dos modos en los cuales los seres humanos están involucrados con el mundo. El primero es aquel en el cual las personas están completamente involucradas o sumergidas en la actividad diaria sin notar su existencia. El segundo modo es aquel en el cual las personas son concientes de su existencia. Por ejemplo, el hecho concreto de la estación de Pirayú en la vida diaria del ciudadano, el cual toma conciencia de su materialidad al preguntársele:
-“¿Qué pensaría si alguien viniese a derrumbarlo?”. Es entonces cuando sale a la luz el valor de dicha estación, su significancia para el ciudadano: “¡No!. Porque Pirayú ya no sería lo mismo sin la estación”. El significado de la estación cambia con el contexto y el entendimiento que el ciudadano tenga de ese entorno.
3-La persona es un ser auto-interpretativo, porque las cosas son importantes para ella. Cuando los seres humanos expresan y actúan frente a aquello con lo que ellos están comprometidos o les interesa, toman una posición sobre lo que son.
4-La persona como corporalidad, donde el cuerpo no esta separado de la mente. Cuerpo y mente se encuentran en constante interrelacionamiento: más que tener un cuerpo, la persona es corporal.
5-La persona como ser temporal, concibiéndola como ser en el tiempo. Este tiempo no es el lineal, o la sucesión infinita de ahoras, sino el tiempo concebido como constitutivo del ser o existencia. El tiempo lineal dificulta concebir la continuidad o la transición; hace creer que las cosas y los seres son estáticos y atemporales. El tiempo es una dimensión del ser, de la existencia, que resulta de la relación del ser con las cosas. Entre las cosas, el futuro no es aún, el pasado ya no es y solamente el presente es y está en constante devenir.
1.La fenomenología interpretativa como alternativa apropiada para estudiar los fenómenos humanos. Edelmira Castillo Espitia. Http:enfermeria.udea.edu.co/revista/mar2000/#Nota
La vigencia de la obra arquitectónica es susceptible de obsolencia, condición natural según Walter Benjamin.
Esta susceptibilidad de obsolescencia de la obra arquitectónica no solo es relativa a la acción del desgaste del tiempo sobre la vigencia de la misma, sino que también es propia de la obra arquitectónica por su estructura ontológica, es decir, por las cualidades esenciales propias de su materialidad y de su modo de recepción.
Walter Benjamín, en su ensayo de 1936 “La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica”, ya señalaba esta caracterización. En dicho escrito habla de dos tipos de recepción, recepción táctil distracción y recepción óptica contemplación*1.
En la cuestión específica de la arquitectura, se tiene una doble recepción, donde la recepción táctil es la constante y la óptica se da eventualmente, generalmente en los inicios de la existencia de la obra arquitectónica, cuando, por su novedad, reclama atención.
La constancia de la recepción táctil o distraída se da teniendo en cuenta, dice Benjamín, que las leyes de su recepción (las de la obra arquitectónica) siguen el criterio de la dispersión, de la desatención, principalmente por estar hecha esencialmente para la vivencia del hombre. El edificio es ante todo habitación o vivienda y no espectáculo. Una recepción dada por el uso, por los medios táctiles que implica el habitar, es decir, sentir con todo el cuerpo por medio de los sentidos el meterse dentro de la obra, es lo propio de la arquitectura. Condición de tipo lineal-rutinario que hace que la obra en sí pase desapercibida para los habitantes, quienes la dan por sentada, perdiéndose así la capacidad de asombro que requiere el arte para pasar al primer plano de la atención en la recepción óptica.
La recepción óptica, es decir, la recepción por la percepción donde uno se coloca frente a la obra arquitectónica y fija en ella su atención, implicando mayor concentración de la atención, actitud dada en algunos visitantes que se quedan contemplando los edificios célebres, toman fotografías, etc., es una cuestión eventual. En el caso de los edificios patrimoniales, por ejemplo la Estación de Pirayú, teniendo en cuenta los valores intrínsecos que reflejan un determinado tiempo y espacio, maneras de vivir y sentir, en un tiempo diferente, el tiempo actual, la recepción óptica se encuentra presente.
En síntesis, la susceptibilidad de obsolencia de la vigencia en el caso específico de la Estación de Pirayú no sólo está dada por el paso del tiempo o por la falta de interés o de conocimiento, por partedel gobierno o los ciudadanos, sino por una de la estructura ontológica de la obra arquitectónica. La recepción táctil o distraída se da y se ha dado en dos momentos históricos diferentes. El primero, en momentos del funcionamiento del sistema ferroviario, donde la estación representó el escenario para la realización de las actividades como telón de fondo en la vida de los consumidores de espacios. Y actualmente, considerando la estación como elemento dentro de la configuración urbana, se la supone como elemento indiferente de un hábito más en la ciudad: el de pasar frente al edificio casi sin verlo, sintiéndolo como cosa rutinaria, como parte del escenario de la vida de todos los días, sin fijar en el una atención concentrada. Esto no es meramente resultado de la ignorancia de la ciudadanía o del desgaste del tiempo, sino característica estructural de la obra arquitectónica como tal. Lo que este proyecto intenta no es hacer de la estación objeto de contemplación “óptica”, a la manera de objeto museístico, sino devolverle su vitalidad originaria pura, volver a hacer de él protagonista de los intercambios sociales de la vida de la comunidad.
1.La recepción táctil es la relación de la opinión común con el arte, de aquellos que buscan en el arte distracción y nada más. Dicha recepción se caracteriza por la manera distraída, propia de la masa, de absorber la obra en su acción, la de integrarla al flujo vital de sus movimientos; el de no perder tiempo en la contemplación. El pone como ejemplos la forma en que el espectador contempla la pantalla de cine y la forma en que el espectador contempla-el lienzo. En el primer caso, la masa busca en el cine la distracción; todos están atentos a los efectos de la trama, ya sea suspenso, risa, etc. Lo cambiante de la imagen, que jamás se fija, impide al espectador detenerse en ella y entregarse a la contemplación. Mientras que, en el segundo caso, ante el lienzo son más posibles el recogimiento y la contemplación, donde se deja volar la imaginación y el conocedor se sumerge dentro de la obra.
La arquitectura como generadora de acontecimiento. Origenes de la teoria. el acontecimiento deleuzziano.
La noción deleuziana de ”acontecimiento” procede del concepto heideggeriano de Ereignis, lo que pasa, lo que acontece, lo que ocurre.
Heidegger considera un error de la metafísica concebir el ser como algo estático, según el modelo del ente, es decir, como lo que “es”, en presente verbal, siempre como algo quieto, como una cosa fuera del mundo “aparencial” del devenir. Lo que existe es ese mundo, un mundo de movimientos, de historias, de tiempo. El ser es tiempo, el ser se mueve en el sentido de un infinitivo: existir, nacer, morir.
La noción de Ereignis, del darse del ser en la historia como acontecimiento, Deleuze la toma como base para el desarrollo de su propia idea de acontecimiento en su libro La lógica del sentido.
Si un cuerpo produce un efecto sobre otro cuerpo, este efecto no es otro cuerpo ni otra cosa; tales efectos no son cosas, dice Deleuze, son seres incorpóreos, son “acontecimientos”. No se puede decir que lo producido exista en la plenitud del ser, de la existencia expresada en el presente verbal, en el es, que corresponde a las cosas y a los cuerpos; estos efectos no son presentes verbales, sino infinitivos, es decir, no son, sino que devienen, siendo el devenir el tiempo en movimiento. Tal como lo define San Agustín de Hipona: “el tiempo no existe, porque el pasado ya no es, el futuro todavía no es y el presente todo el tiempo está dejando de ser, ese estar permanentemente “dejando de ser” es el devenir, y Deleuze de esta manera lo opone al ser estático. Por lo que el tiempo puede ser entendido como presente, como “es” en los cuerpo y en las cosas sólidas y concretas (al menos en apariencia), pero también como momentos infinitamente divisibles en pasado y futuro de los efectos incorpóreos que resultan de los cuerpos.
Deleuze cita a Emile Bréhier filósofo francés e historiador de la filosofía- que habla, coincidiendo con la idea de los estoicos, y dice: “cuando el escalpelo corta la carne, lo que el primer cuerpo produce sobre el segundo no es una propiedad nueva, sino un nuevo atributo, el de ser cortado”. Este nuevo atributo no designa ninguna cualidad real. No es un ser, sino una manera de ser; no es un ser fijo, sino una manera de ser que tiene el ser de estar siendo (un constante movimiento). No pudiendo, esta manera de ser, influir definitivamente en su naturaleza, por encontrarse en la superficie del ser, por representar simplemente un resultado, un efecto que no puede ser considerado en la categoría del ser.
Por lo que Deleuze llama “acontecimiento” al “devenir-loco” que no se consolida nunca en un punto, que no se detiene, al devenir ilimitado, a lo que no se fija en el presente verbal. El acontecimiento infinitamente divisible, que no es nunca presente, sino pasado y futuro a la vez eternamente lo que acaba de pasar y lo que va a pasar.
Relación entre el concepto de acontecimiento y la arquitectura.
A primera vista pareciera no tener ninguna relación la noción de acontecimiento deleuziana con la obra arquitectónica; el acontecimiento en Deleuze es considerado como una idea más bien del “devenir-loco” como algo que no permanece estático en un solo punto, como lo que no se fija en el presente verbal del “es”, al que sólo conviene la subsistencia o la insistencia, más que la existencia. Características que sólo se ajustan a lo que no es ni cuerpo ni cosa.
La obra arquitectónica, en cambio, es primariamente considerada como estructura material; es una existencia propiamente dicha, pero esto no implica, pese a tratarse desde este punto de vista de un elemento objetivo, que quede privada de la posibilidad de un enfoque de sí misma como experiencia subjetiva. Tal como lo dice Ignasi de Solá Morales, al tratar de explicar la arquitectura no se lo debe hacer arbóreamente, “como ramas de un árbol, que crecen de un tronco común y se alimentan de sus raíces en un suelo propio” -tan mecánicamente-. “La Arquitectura no es un árbol continúa de Solá Morales-, sino un acontecimiento, resultante de cruces de fuerzas capaces de dar lugar a un objeto significante..”*1.
Entonces, tenemos que la relación de la arquitectura, del lugar, con la noción de acontecimiento deleuziano y también con el enfoque de la fenomenología hermenéutica, tiene el sentido de la arquitectura “vivida”, no como algo puesto fuera de la subjetividad, como un objeto externo desde un afuera sin relación con el sujeto. Por lo que la arquitectura existe desde su vivencia, a partir de la subjetividad del sujeto que lo vive, siendo ésta la forma en que la arquitectura acontece, y acontece dentro de la subjetividad del sujeto. Por lo tanto no sólo se trata de una estructura estable, sino de una arquitectura mutable, que se transforma, que deviene, y así tenemos que la percepción de la arquitectura, a lo largo de las sucesivas generaciones, y a nivel individual a lo largo de la propia existencia en el lugar, cambia; ésta es la forma en que el hecho arquitectónico se transforma.
“El acontecimiento también es un punto de encuentro, una conjunción de líneas de recorrido ilimitado, que se entrecruzan con otras, creando puntos nodales de una intensidad emergente. Finalmente, el acontecimiento es una aprehensión, el resultado de la acción de un sujeto que, en el fluir caótico de los acontecimientos, atrapa lo que más le atrae o más lo conmueve para retenerlos. Es una acción subjetiva.”*2
1. De Solá Morales, Ignasi, Diferencias. Topografía de la arquitectura contemporánea, Barcelona, Editorial Gustavo Gili, S. A., 1995. Pág. 14-15.
2. De Solá Morales, Ignasi, Diferencias. Topografía de la arquitectura contemporánea, Barcelona, Editorial Gustavo Gili, S. A., 1995. Pág. 122.

criterios y metodologia

Para la adopción de los criterios y metodología se tuvo en cuenta la conformación del sitio a intervenir, tanto por sus aspectos tangibles e intangibles, como en su faceta de resultado de diversos y complejos procesos, de diferentes energías en tiempo y espacio. Estos, conjugados, dieron lugar a un sitio con cualidades particulares, cualidades que requieren un estudio que permita una comprensión más en profundidad de los problemas a tratar. Además, dada la vigencia contemporánea del enfoque transdiciplinario*1, que considera las disciplinas en sus interrelaciones, en todos los terrenos de la vía intelectual, se considera pertinente asumir, en esta investigación, el punto de vista de la fenomenología hermenéutica*2, un estudio del tipo cualitativo*3.
El objetivo de la fenomenologia hermenautica o interpretativa es comprender las habilidades, practicas y experiencias cotidianas y articular las similitudes y las diferencias en los significados, compromisos, practicas, habilidades y experiencias*4.

1.La transdiciplinariedad sería la integración de disciplinas sobre la base de una finalidad en común y una axiología general compartida.
2.Terminología propuesta por Martín Heidegger en 1927. El objetivo en fenomenología hermenéutica o interpretativa es comprender las habilidades, prácticas y experiencias cotidianas y articular las similitudes y las diferencias en los significados, compromisos, prácticas, habilidades y experiencia.
3.Por datos cualitativos entendemos los estudios que proporcionan una delineación verbal o explicación del fenómeno estudiado, su esencia, naturaleza y comportamiento, en contraste con la exposición ofrecida en la investigación cuantitativa, que lo considera como cifra de una totalidad en la que lo inserta haciéndolo abstracción de sus particularidades irreductibles si bien ambos enfoques, el cualitativo y el cuantitativo, son complementarios- como ocurre, por ejemplo, en los análisis tabulares propios de las investigaciones estadísticas. Http://www.fisterra.com/mbe/investiga/cuanti_cuali/#3

emplazamiento del sitio


la ciudad
La ciudad de Pirayú se encuentra en la región Oriental de la República del Paraguay, en el 9º Dpto. de Paraguarí, a 49 km. al sur-este de Asunción y a 18 km. de la ciudad de Paraguarí, capital del departamento. Límites: Al noreste, Ypacaraí; al sur, Paraguarí; al este, Caacupé y Piribebuy; al oeste, Itauguá y Yaguarón.
El sitio de la estación
El sitio de intervención se encuentra ubicado en el sector este del área urbana de la ciudad de Pirayú, sector que se encuentra constituido por elementos interactuantes, que son el edificio de la estación y su área de influencia, caracterizados por un amplio espacio libre que crea un valor escenográfico. El edificio de la estación conforma la puerta de entrada a la ciudad y, al mismo tiempo, actúa como telón de fondo, papel acentuado por hileras de viviendas en galerías, que rematan en él. Se encuentra insertado en una trama urbana donde pareciera ser una ruptura en la ciudad, pero, al mismo tiempo, existe un constante diálogo. Por lo expuesto se considera el valor del conjunto, más que las individualidades, como el espacio en donde se hallan las verdaderas potencialidades.